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Antes de que se me olvide.

29 May 2009 No Comment

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Cierro los ojos e intento recuperar de mis retinas aquellos instantes que no fuimos capaces de captar con nuestras cámaras. Intento fijarlos en mi mente para que no queden en el olvido, consciente de que muchos ya se perdieron entre las prisas y el cansancio. Instantes casi siempre fugaces que encontramos en pequeños rincones, en los caminos, entre casitas de papel y justo antes de sus profundas y sinceras miradas. A veces sientes que pueden verte por dentro. Clavan sus ojos en los tuyos y no se avergüenzan ni se cohíben, solo descubren e investigan, sin esperar ni desear nada a cambio. Muchos de nosotros ya no sabemos mirar así.

Recupero de mi retina un niño que se agarró de mi pantalón mientras entrevistábamos a Noemí en el 4º Barangay de Garchitorena. Pequeño, desnudo y descalzo, con los pies cosidos a picotazos pasó un buen rato agarrado a mi pantalón, escuchando embobado a Noemí sin entender nada, solo en ese momento me sentí transparente.

Recupero a Paula, la niña que llamé por su nombre en aquel mercado de Manila, que olía más excremento que a alimento. Recuerdo su cara de asombro e incredulidad, intentando comprender el milagro de que aquel extraterrestre supiese su nombre.

Recupero las ropas finas y roídas secándose en las verjas, los agujeros y las manchas “difíciles” que aún tardarán años en borrarse.

Recuerdo cinco niños durmiendo en el suelo bajo la luz protectora de una farola, en la entrada del “Harbor view”, bahía de Manila. Carne, harapos y periódicos. Nunca vi tanta gente durmiendo en las calles. Aunque no nos vieron, jamás nos sentimos menos transparentes.

Recuerdo un dirigente local con gafas de Dior y un móvil con ribetes dorados, recuerdo a su sirviente ponerle la comida en el plato, recuerdo su cara de plástico y su mirada vacía.

Recuerdo a un pueblo entero reír a carcajadas, humilde, sencillo y alegre. Recuerdo una sonrisa detrás de cada saludo y de cada mirada.

Recuerdo a mucha gente haciendo un gran trabajo, locales y expatriados, interventores, asesores y empleados públicos. Todos ellos con la esperanza de que cuando ellos ya no estén allí, todo lo que han hecho siga funcionando, esperamos y deseamos que así sea.

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